Cuando se quiere o se ama a alguien no puedes dejar de querer relacionarte con él, no puedes olvidarlo y deseas poder hablarle, contarle, escucharle,…
También es frecuente que se viva la paradoja de decir que se ama a Dios… y nos cueste relacionarnos con él: se nos hace difícil hablarle, escucharlo, prestarle atención,… es frecuente que hacerlo nos aburra y que nos entre modorra. Lo más fácil es que olvidemos el hacerlo porque eso no entra en nuestros planes.

¿Cómo podemos actuar así? ¿Cómo podemos ignorar la necesidad que tenemos de rezar? ¿Qué nivel de coherencia tenemos en nuestra vida si después de poner a Dios como el origen de todo y nuestro padre, lo olvidamos y lo ignoramos?
De la misma manera que hablar con alguien es un intercambio, un enriquecimiento,… pero sobre todo salir de nosotros y dejar al otro que entre, hablar con Dios es dejar que nos llene de su presencia..

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