¡Dios mío, a dónde vamos a ir a parar! Exclamaciones como esta son frecuentes entre las personas de todos los tiempos y hacerlas ahora parece dar a entender que cualquier tiempo pasado fue mejor. En realidad el mundo está para el arrastre, pero hemos de considerar que es el nuestro y no podemos vivir en uno pasado ni tampoco en uno por llegar. Este es el nuestro y hemos de modificarlo partiendo de lo que hay y teniendo muy claro qué modelo de vida queremos llegar a tener en el cambio que hemos de realizar en él para que siga su desarrollo. La verdad es que se muestra bastante desafiante y difícil el conseguir que mejore, pero esa es la responsabilidad de los que ahora lo habitamos. ¿Qué podemos hacer, qué herramientas hemos de utilizar? Posiblemente la solución esté en saber vivir desde la autenticidad, siendo nosotros mismos, tal como Dios nos creó, a su imagen y semejanza. En esto la familia misericordiosa tiene mucho que decir, será la salvación del mundo.

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