Cuando el ser humano se sitúa ante su propia realidad y, con sinceridad, desde lo más profundo de su ser se plantea las cuestiones vitales y trascendentes sobre su origen, su finalidad,… si es honesto y responsable consigo mismo, no puede por menos que aceptar que en lo más profundo de su ser tiene una consciencia de que existe un ser por encima de él al que le debe la vida y la existencia de todo cuanto existe. ¿Cómo acallar esa llamada? ¿Cómo ignorarla y pasar de largo ante la memoria remota de cuando vivíamos junto a Dios sin habernos querido separar de Él? La respuesta es siempre personal, pero en la religión se encuentra la manera de profundizar y conocerlo mejor.

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