Seguir a Cristo implica ser como Jesús quiere que seamos y para ello nos hemos de convertir dejando en el pasado nuestra manera de ser en todo lo que tenga de actitudes en las que Dios está ausente y de costumbres “paganas”, acogiendo el vivir en presencia de Dios y abandonándose, desde la confianza, en sus brazos.
Ser cristiano supone vivir en la esperanza y es una experiencia de fe, de compromiso y de liberación.

En el Sermón de la Montaña Jesús nos mostró qué actitudes debe tener el que le siga, son las bienaventuranzas.
A continuación ratificó los mandamientos que Dios había dado a Moisés, indicando que él venía a cumplir la ley, no a abolirla.
Por encima de todos, destacó el mandamiento del amor pidiéndonos que nos amásemos como él nos había amado.
Jesús indicó repetidas veces la necesidad de que perdonásemos; perdonar es la señal de que se ama, y se ha de hacer siempre (70×7). Seguir a Jesús lleva al cristiano a amar y respetar la vida, a vivir con esperanza, y a anunciar, celebrar, vivir y testimoniar el amor de Dios.

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