Cristo Redentor Maestro y Modelo del Mercedario
Cristo Redentor Maestro y Modelo del Mercedario

Familia mercedaria y amigos:

A través de esta líneas los saludo en “Fraternidad y Servicio”, animado por la figura de Cristo Redentor, que es el centro de nuestra vida y espiritualidad mercedaria.

Tratando de interpretar los tesoros de nuestro carisma, bien sabemos que desde la fundación la Orden de la Merced siguió a Jesús, haciéndole presente como amigo y redentor entre los cristianos que se hallaban expuestos en peligro de perder la fe (cf. Constituciones de la Orden (= COM) 3); por tal razón los mercedarios nos consagramos a Dios, fuente de toda santidad para “visitar y redimir” a los hermanos que se encuentran inmersos en las diversas formas de cautividad (cf. COM 4, 16).

los mercedarios nos consagramos a Dios, fuente de toda santidad para “visitar y redimir” a los hermanos que se encuentran inmersos en las diversas formas de cautividad

Relieve en madera. Seminario S. Pedro Nolasco. Guatemala
Seminario S. Pedro Nolasco. Guatemala

Si apreciamos y valoramos el tesoro espiritual de nuestra Orden compuesto por los religiosos, religiosas y laicos quienes fundados en la Eucaristía van cultivando el espíritu mercedario y como misioneros siguen propagando la fe en Cristo Redentor (cf. COM 11), tenemos que reconocer que La Merced continúa siendo un signo de misericordia y redención.

Extendiendo la veneración y el amor a la Virgen Madre de Dios, los mercedarios evocamos los misterios y acciones del göel, el Dios que libera (cf. Ex 6,6), que nos saca de la esclavitud para vivir en la libertad de los hijos de Dios (cf. COM 9,16). Por ello, Cristo Redentor es el ADN del mercedario, su centralidad en Él se basa en la mirada constante de aquella humanidad que sufre y clama libertad. Él es el motor de nuestra historia, es el signo y significado de nuestro ser; por tal motivo, lo asimilamos a través de su palabra profética y lo anunciamos como Maestro y modelo de todo mercedario.

Cristo Redentor es el ADN del mercedario, su centralidad en Él se basa en la mirada constante de aquella humanidad que sufre y clama libertad

Por ello, al contemplar cada amanecer nos admiramos de la obra creadora de Dios, de aquella “casa común” que nos habla el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Sí, y nos unimos en la oración de la Iglesia; de esta manera, durante el día percibimos los rostros sufrientes que nos invitan a vivir nuestra consagración en fidelidad creativa; así mismo, llegada la hora de la tarde seguramente que muchos animadores eclesiales y voluntarios en La Merced agradecen a Dios por haber sido signos de solidaridad, entrega y sacrificio por amor a los hermanos. Así pues, el “Visitar y Redimir” que viene contemplado en el Proemio de las Constituciones Amerianas de 1272, no son palabras viejas, ni muertas, que han quedado en el panorama histórico del siglo XIII; todo lo contrario, tienen actualidad cuando “visitamos-servimos-redimimos” y tratamos de – ser espacios de liberación y promoción de la dignidad humana – en los lugares de misión.

Algunos dicen que “no hay cristiano sin cruz”, nosotros podemos manifestar que “no hay mercedario sin Cristo Redentor”, porque Él siendo nuestro Maestro y modelo nos guía como a los discípulos de Emaús para no sufrir la desesperanza (cf. Lc 24,13-25); Él se nos presenta como modelo para seguir el camino de la Verdad que nos hace libres (cf. Jn 8,32). Sin lugar a dudas, Cristo Redentor, el Verbo de Dios, es para nosotros el prototipo de la encarnación (cf. Jn 1, 1ss.), de la exaltación-humillación, de la grandeza y abajamiento que fundamenta la kénosis del Hijo de Dios (cf. Flp 2,6-11).

dicen que “no hay cristiano sin cruz”, nosotros podemos manifestar que “no hay mercedario sin Cristo Redentor”

Estamos cerca de celebrar 800 años de fundación (Jubileo La Merced: 1218-2018), de nacimiento eclesial, de existencia y servicio, de peregrinaje en la fe, de ser signos visibles de anunciar la libertad unido al sentir de la Iglesia. Es así como recordamos la obra redentora de san Pedro Nolasco, nuestro fundador, quien inició este movimiento de liberación y santificación un 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España. Este gesto de amor en el ejercicio de la caridad nos recuerdan tiempos difíciles, de límites, de frontera, de escucha paciente del clamor de los cautivos, de la búsqueda de la limosna hecha redención, de la visita constante a las familias, del hecho de tocar las puertas de la misericordia para redimir a quienes estaban en las cárceles físicas y espirituales que necesitaban libertad.

Pienso que desde aquellos tiempos el lema “de dar la vida si fuere necesario” se ha ido profundizando hasta manifestar que somos “libres para liberar”, quizás sea un viejo cliché o una fórmula no definida al cien por ciento; lo cierto es que al encontrarnos en situaciones de cautividad no sólo salimos al encuentro, hacia la periferia, sino que buscamos primero el centro, Jesús de Nazaret, quien nos lleva de la mano hacia el sendero de los cautivos. Hoy que el mundo sufre guerras, violencias (O. Fallaci), la cultura del egoísmo (C. Castoriadis), ensimismada en la sociedad líquida e ilusoria (Z. Bauman), allí donde hay tanto sufrimiento y desolación (D. Masabo), tiene que estar no sólo la mirada del mercedario, sino la acción concreta y específica para manifestar el carisma eclesial.

Libres para Liberar
Libres para Liberar

A veces pienso en voz alta: tenemos un observatorio ¿y qué nos dice hoy? tenemos un equipo de reflexión ¿pero, cómo nos ayuda a interpelar la actualidad? tenemos una delegación, un gobierno local, vicarial, provincial y general ¿y cómo nos anima en el ejercicio de la caridad? tenemos una misión ¿y cómo estamos ayudando y haciendo factible la redención? necesitamos nuevas generaciones ¿y qué estamos haciendo por la propuesta y llamada vocacional? las semillas del Verbo esparcidas en los continentes donde se dinamiza nuestra presencia ¿cómo están orientando el cuarto voto mercedario? Que estas interpelaciones nos ayuden a interpretar las cosas de Dios en nuestras vidas siguiendo las huellas del Señor Resucitado, vivamos cada día un nuevo Pentecostés con signos proféticos de esperanza.

tenemos un observatorio ¿y qué nos dice hoy? tenemos un equipo de reflexión ¿pero, cómo nos ayuda a interpelar la actualidad? tenemos una delegación, un gobierno local, vicarial, provincial y general ¿y cómo nos anima en el ejercicio de la caridad? tenemos una misión ¿y cómo estamos ayudando y haciendo factible la redención? necesitamos nuevas generaciones ¿y qué estamos haciendo por la propuesta y llamada vocacional? las semillas del Verbo esparcidas en los continentes donde se dinamiza nuestra presencia ¿cómo están orientando el cuarto voto mercedario?

Les invito a contemplar a Jesús, aquél que nació en Belén de Judá, el hijo de José y María, el pequeño/grande que entró en la sinagoga de Nazaret, el profeta por excelencia, el que cuestionaba a saduceos y fariseos y otras instituciones de su tiempo, aquél Maestro en la divinidad y modelo de humanidad que ahora reina y está con nosotros. Él nos acompaña en este Tercer milenio, en este siglo XXI, donde la sociedad tiene ansias de fraternidad, que la egolatría e indiferencia y los tentáculos del poder no sean motivo para quedarnos estáticos, como los galileos mirando el cielo (cf. Hech 1,10-11); al contrario, vayamos al encuentro del Señor entre los más sencillos (cf. Salmo 122), amemos a la Orden de la Merced, apostemos por los destinatarios de nuestro carisma, vivamos con pasión el ideal de nuestra consagración.

Sabemos que la vida continúa, sin embargo será santo y bueno volver a las existenciales: los mercedarios ¿dónde estamos? ¿hacia dónde vamos? ¿qué hacemos? ¿qué realizamos en la vida diaria? ¿cuáles son nuestros signos concretos de caridad?. ¿los santuarios, las comunidades locales, las parroquias, los colegios, la pastoral carcelaria, el asunto migratorio, los temas de la trata de personas, la misión compartida, los proyectos de inclusión social, las casas-hogares de niños y otras actividades nos interpelan hoy?

Que Cristo Redentor a través de la mística mercedaria nos ayude a interpretar los signos de los tiempos (cf. Mt 16,3) para comprometernos al servicio de los cautivos, rumbo a los 800 años!

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