Las  ranas  siempre  me  han  parecido  seres  muy  curiosos.  Cuando  era  niño  me  apasionaba  ir  a las  charcas  y  observar  los  renacuajos  en  sus  diferentes  grados  de  desarrollo.  Tuve  suerte  de criarme  en  un  pueblo…. Era  como  un milagro  contemplar  su metamorfosis,  como  su  fueran “aliens”  de  otra  galaxia.  Incluso  en  algún  momento,  armándome  de  valor,  sugerí  a  mi  madre llevar a casa alguno de estos seres extraordinarios para estudiarlo de cerca… sin embargo fue evidente  que  ella  no  compartió  nunca  mi  admiración  por  ellos  pues  en  su nomenclatura particular nunca pasaron de la categoría de “bichos”…. No era negociable bajo ningún aspecto que un batracio viscoso pasara a aumentar el número de los miembros de la familia, ni “rana Gustava ni nada”.

Pero, a lo que iba, lo de las ranas sale a colación a raíz de un extraordinario documental que trataba sobre una especie en concreto. En Alaska existe una rana que, cuando llega el frío, se deja congelar literalmente. Es como si estuviera muerta. Sin aparentes constantes vitales. Dura como una piedra entre el hielo que la rodea… Impresionante. Como si fuera un fósil. Y así pasa la mayor parte del año pues de todos es sabido que Alaska no es el Caribe. Alguno pensará que esa  propiedad  no  es  algo  exclusivo  de  las  ranas  y  que  sabe  de  algún  conocido  que  comparte esas propiedades… pero eso es otro cantar que daría para otro artículo…

Nuestra rana en cuestión “vuelve a la vida” sólo durante un par de meses al año, en el verano, cuando  la  temperatura  es  más  soportable.  Es  entonces  cuando  se  entregan  a  una  verdadera orgía  sexual  pues  disponen  de  muy  poco  tiempo  para  perpetuar  la  especie;  y  se  arraciman unas sobre otras intercambiando su semilla con frenesí y sin demasiados ascos de con quién lo hacen.  Estoy  seguro  que  ni  siquiera  saben  que  lo  que  hacen  es  para  perpetuar  la  especie,  ni reflexionan sobre el sentido de esa actividad frenética. Tan solo se dejan llevar por el instinto, y punto… Hacen lo que el cuerpo les pide y ya está…

No sé por qué, pero cuando hace unas semanas oí a la señora diputada de las CUP, doña Ana Gabriel,  hablar  de  maternidad  en  tribu  vino  a  mi  mente  el  tema  de  las  ranas.  Tendré  que buscar  un  psicoanalista  para  revisar  mi  subconsciente…  Dada  la  realidad  en  que  se  ha convertido este país donde cada cual la dice más gorda y no pasa nada, la verdad es que no me sorprendí  en  exceso.  Ahora  el  progreso  y  ser  moderno  consiste  en  retrotraernos  al  modelo tribal  de  los Neanderthales  o Austrolopitecus,  con  paternidades  y  maternidades  compartidas, sin parejas estables, sin que nadie sepa de quién es biológicamente hablando y sin hacer ascos, por tanto, al incesto… Para ser libre hay que dinamitar las normas morales. Eso es lo progre: ir contra  el  orden  natural,  no  saber  dónde  está  la  frontera  entre  el  bien  y  el  mal,  entre  lo  que construye  y  dignifica  a  la  persona  humana  y  lo  que  la  degrada…  Pero  hasta  aquí,  nada  en especial  que  llame  la  atención  en  esta  España  de  pandereta  y  feria  de  nuestros  días…  Ni siquiera daría pie a escribir un artículo sobre ello. Tan acostumbrados estamos a las majaderías.

Sin  embargo,  lo  que  sí  hizo  saltar mis  alarmas  fue  lo que  la  excelsa  diputada  en  cuestión  dijo acerca de la familia de toda la vida. Sí, aquella que consta de un padre, una madre y los hijos…y tal vez algún abuelo. Sí, aquella que ha salvado y sigue salvando de la miseria extrema a miles de  españoles  víctimas  de  la  crisis.  Sí,  aquella  con  la  que  queremos  reunirnos  para  la  cena  de Nochebuena o para ir de vacaciones…La señora Ana Gabriel puso ya en su punto de mira a la familia tradicional y la etiquetó como cuando los nazis etiquetaban a los judíos con una estrella amarilla: es un modelo de familia conservador que da lugar a personas conservadoras…

Es  curioso  cómo  estos  grupúsculos  antisistema  y  de  la  extrema  izquierda  se  presentan  como adalides  y  defensores  en monopolio  de  los  derechos  humanos,  y  luego  son  los  primeros en “marcar”   a   quienes   quieren   escapan   de   sus   directrices   y   de   su   pensamiento   único   y rudimentario.  Con  razón  los  maoístas,  estalinistas,  jemeres  rojos,  norcoreanos  y  demás zombies  de  la  historia  lo  primero  que  hacen  en  sus  cruentas  revoluciones  es  liquidar  de  raíz cualquier  indicio  de  cultura  ilustrada:  los  primeros  en  caer  siempre  son los  clérigos  y  los maestros.

Hace  unos  días  tuve  la  ocasión  de  ver  una  película  maravillosa: “Los  milagros  del  cielo. Reconozco que fui a verla por la insistencia de mis padres. Ellos querían verla aprovechando su paso por Barcelona y necesitaban de alguien que les llevara al cine. Servidor, que pertenece a una familia conservadora, que respeta a sus padres biológicos y les agradece lo que han hecho por  él,  lo  hizo  encantado.  Ingenuo  de mí  pensé  que  la  película  en  cuestión  sería  un “bodrio”, pues  los  críticos  de  cine  más  rimbombantes  la  calificaban  de  infumable…  Pero  qué  hijo conservador no hace este pequeño sacrificio por su familia conservadora.

Hoy, la familia es despreciada, es maltratada, y lo que se nos pide es reconocer lo bello, auténtico y bueno que es formar una familia, ser familia hoy; lo indispensable que es esto para la vida  del  mundo,  para  el  futuro  de  la  humanidad.”  – Papa  Francisco.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en el cine. La película, basada en un hecho real, me encantó.  El  argumento  giraba  en  torno  a  una  niña  sana  y  feliz  que  de  buenas  a  primeras padece   una   grave   enfermedad   para   la   que   no   hay   remedio   y   que   la   iba   a   conducir inexorablemente  a  la  muerte.  Sin  entrar  en  detalles  (recomiendo  la  película;  no  se  la  voy  a reventar  enunciando  el  desenlace)  la  película  estaba bien  realizada,  los  actores  eran creíbles, su  interpretación  buena,  la  película  entretenida,  con  buen  ritmo  y  transmisora  de  buenos valores: el valor de la familia, de la unidad, el sacrificio desinteresado, la fe, la oración, el amor, la  solidaridad….  De  inmediato  entendí  la  razón  por  la  que  la  crítica  progre  de  nuestro país consideró la película como infantil y nefanda: el filme defendía la familia ”conservadora” y sus valores y, claro, eso es ir contra el “pensamiento único” y sus eslóganes: anarquía, libertinaje, individualismo, egoísmo, egocentrismo,    exacerbación  de  los    instintos, materialismo, amoralidad,…

Estamos construyendo casi sin darnos cuenta una sociedad suicida, donde lo bueno, lo limpio y lo hermoso es atacado sin contemplaciones. De ahí que la familia tradicional sea un enemigo a batir.  Se  habla  de  nuevos  modelos  de  familia,  se  manipula  el  lenguaje  sustituyendo  a  los padres  por “progenitores”  en  documentos  oficiales, se  hace  del  aborto  una  causa  defendible (dentro  de  no  mucho  volverá  el  tema  del  derecho  al  suicidio),  se  obvian  los  derechos  de terceros mientras se nos llena la boca de los derechos de las “minorías” (los niños que sufren esta   imposición   arbitraria   sin   poder   decir   ni   mú),…   ¿Hacia   dónde   se   quiere   llegar?… Exactamente no lo sé, pero intuyo que a nada bueno. Cada vez me resulta más ajena y extraña esta  sociedad  en  la  que  estamos,  muy  diferente  de  aquella  en  la  que  me  crié  y  mucho  más pesimista y enferma.

Si me dan a elegir entre los valores que reflejan películas y series como “La gran familia”, “La familia y uno más”, “Con 8 basta”, “La casa de la pradera” y demás… comparándolos con los de series como “Los Serrano”, “Cuéntame”, “Al  salir  de   clase”, “Física  y  química”   (repito, hablamos  de  valores)…  elijo  sin  dudar  los  primeros.  El  cine  y  la  TV  es  reflejo  de  lo  que  es  la sociedad.  Que  cada  cual  saque  sus  conclusiones.  En  las  series  de  antes  reías,  disfrutabas  y aprendías;  en  las  de  ahora  te  sumerges  en  un  mar  de  problemas  cada  vez  más  caóticos  quepretenden  hacer  pasar  por  normales  experiencias  humanas  cada  vez  más  extremas. Así  es nuestra sociedad.

Algunos  dirán  que  se  me  ha  parado  el  reloj  o  que  soy  un  posfranquista….  Yo  más  bien  digo como Mafalda en una tira cómica: “que se pare este mundo, que me bajo”. A quienes se les ha parado  el  reloj  como  a  las  ranas  de  Alaska  en  invierno  son  los  que  nos  quieren  vender como progresistas  y  modernos  esos  antivalores  de  las  CUP  que  ya  han  quedado  superados por fracasados y que son más antiguos que la porra de madera, más propios de la caverna que de la cultura. Entre el modelo batracio de familia y el cristiano no hay comparación posible. Que cada cual, en función de lo que siente que es, escoja.

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