“No nos olvidemos del Espíritu Santo”: Sor María Victoria Triviño en la Mercè

Sor María Victoria Triviño nos ha acompañado en el octavo día dé la novena a la Virgen de la Merced, este martes 23 de septiembre.

En su visita a la parroquia, la religiosa ofreció una charla en la que destaca la importancia de invocar la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Así mismo, explicó el poder de la ‘Oración de Intercesión’, título también de uno de sus libros que ha ofrecido a los asistentes.

La noche ha terminado con la Misa del Espíritu Santo, celebrada por el padre Vicente Zamora. Te contaremos más detalles en el último aparte de este post.

Vamos a ver con detalle la intervención de la religiosa del Convento de Santa Clara, de Balaguer.

El Espíritu Santo no es un desconocido

Sor María Victoria Triviño ha empezado su intervención invocando la presencia del Espíritu Santo y destacando su papel de santificador.

«Muchos ya vivís el Espíritu Santo, pero para muchos bautizados el Espíritu Santo es un desconocido. Está bien que transmitamos al Padre y al Hijo, pero también al Espíritu Santo. De Él depende la actualización de la Iglesia».

Y ha continuado con el papel que se ha dado al Espíritu Santo desde el Credo Niceno: ‘Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas’.

«Acoger este momento del Credo puede ser como una chispa que estimula nuestro espíritu, que nos motiva. Yo he vivido esa experiencia con una situación desafortunada. Al pronunciar estas palabras del Credo “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida”, la situación siguió lo mismo, pero me llené de confianza y esperé con paz y luz, esa que unicamente da el Espíritu Santo».

Y entonces nos invitó a repetirla como jaculatoria durante el día “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida”, ojalá en momentos de silencio.

También nos recordó preparar en nuestras casas un lugar de oración, con la biblia y alguna imagen. «Allí puedes repetir estas palabras en tranquilidad, despacio, suavemente, al ritmo de la respiración, una vez y otra vez. Esa certeza enciende el deseo de ser amoroso. Recuerda que el Padre nos envía el Espíritu Santo como regalo».

Sor María Victoria Triviño, del Convento de Santa Clara, de Balaguer (Lleida), estuvo en el octavo día de la Novena a Nuestra Señora de la Merced, en nuestra parroquia mercedaria de Lleida.
Sor María Victoria Triviño, del Convento de Santa Clara, de Balaguer (Lleida), estuvo en el octavo día de la Novena a Nuestra Señora de la Merced, en nuestra parroquia mercedaria de Lleida.

El Credo Niceno y el Espíritu Santo

Sor María Victoria Triviño hizo un recorrido por la historia del Credo Niceno, redactado en el año 325, en tiempos del emperador Constantino y elaborado para unificar la fe.

«Es el Credo de la unidad. Es la profesión de fe aceptada por católicos, ortodoxos, luteranos, anglicanos… Ahí no discutimos nada. Todos los cristianos creemos lo mismo y estamos unidos”.

Y después mencionó a San Juan y algunos versículos en los que destaca la presencia del Espíritu y su efusión.

Dicho de otra manera, habla del agua que fluye debajo del trono, lo que significa la corriente de gracia y energía divina que desciende y se extiende sobre nosotros.

Una descripción preciosa sobre cómo el Espíritu Santo se derrama sobre la Iglesia y los creyentes, renovando sus vidas y otorgando carismas para la edificación comunitaria.

La acompañaron otras religiosas clarisas en la venta del libro 'Oración de Intercesión'.
La acompañaron otras religiosas clarisas en la venta del libro ‘Oración de Intercesión’.

Sor María Victoria Triviño habla sobre la oración de intercesión

«Todos los bautizados recibimos el sacerdocio santo. De esto se habla poco. Es el sacerdocio de los fieles para ofrecer sacrificios, para ofrecer oraciones, para dirigirnos al Señor en el altar de nuestro corazón», ha recalcado Sor María Victoria Triviño, de las Clarisas de Balaguer.

«La oración de intercesión es un ministerio de la Iglesia, en especial de la vida contemplativa, lo que hacemos nosotras (y nosotros, porque también hay comunidades de hombres dedicadas a esto). Desde muy temprano, mientras la gente despierta, va al trabajo, lleva a los niños al colegio, etc., a esa hora nosotros ya hemos elevado la oración litúrgica con himnos de alabanza, salmos de acción de gracias y plegarias de intercesión por todos, por los que rezan y no rezan. Y siempre estamos orando, teniendo en cuenta los husos horarios, es decir que cuando terminamos de orar continúan otros».

Y explicó cómo es o hacer la oración de intercesión, dicho en sus palabras:

Primero: Se puede practicar individualmente, pero no es simple como pedir. No, no. Hay que unirse al Señor o a la Santa Virgen y se ha de hacer con entrañas de amor hacia la persona por la que se ora. Se ha de poner amor, es como abrazarla.

Segundo: Se puede practicar comunitariamente, sobre diversas intenciones, tanto en la liturgia como en los encuentros de oración.

«Nosotros a veces hacemos la intercesión cantando así: “Tu amor por (nombre de la persona por la que se ora) es grande. Tu amor por (repetimos el nombre) incomparable. Nadie como tú, Señor Jesús, nadie le ama como tú. Grande es tu amor por (la persona por la que se ora)”.

Santa Clara también nos da un recurso: Es como si en el corazón tuviéramos un archivo. Lo sacas y cuando vas al Señor le dices: “Señor, yo te presento todo lo que he guardado en el corazón”. Esto también se puede hacer, porque si mencionáramos persona por persona, situación por situación, colectivo por colectivo, estaríamos pasando lista todo el día y es un poco complicado».

Tercero: Se puede practicar en un pequeño grupo de intercesión sobre la persona que lo pide. Esto se hace en la Renovación Carismática. No es algo que se puede improvisar ni se puede dejar a la buena voluntad. Supone madurez espiritual en el grupo, supone responsabilidad y requiere de preparación. Se han de elegir personas que sepan mediar con pureza, que sean instrumentos del Espíritu Santo. Entre los elegidos no pueden faltar personas con carismas de fe, discernimiento de espíritus y profecías. Normalmente se empieza con un canto, se invoca al Espíritu y siempre en oración se presenta al Señor y se hacen súplicas.

Y terminó su intervención recordando el caminar unidos en oración y los sacramentos.

«Vivimos en una sociedad donde los valores humanos y cristianos se han ido diluyendo, parece que todo vale. Si uno se descuida, se contagia.

Esta mañana me decía un sacerdote: “¡Es que no se confiesa nadie!”. Le dije: “Pero ¿cómo quieren que se confiesen si nadie habla del pecado? Lo que está mal, como lo hacen todos, no pasa nada, entonces no hay pecados. Así nadie se va a confesar. Esto tiene que empezarse a cambiar a nivel global.

Estamos viviendo en la Iglesia un tiempo nuevo, pero la buena noticia es que se está despertando un deseo de espiritualidad, vosotros lo tenéis. Pero, si falta nuestro testimonio, si cerramos la fuente del Espíritu y no puede andar en nosotros, la gente se va a buscar en cisternas agrietadas.

Vosotros tenéis la familia aquí, en la parroquia, y sois guiados por los frailes de la Virgen de la Merced para la redención de cautivos».

Misa del Espíritu Santo

El octavo día de la novena a la Nuestra Señora de la Merced, después de la intervención de Sor María Victoria Triviño, finalizó con la Misa del Espíritu Santo.

El padre Vicente Zamora advirtió que sería una misa un poco más larga de lo normal (teniendo en cuenta que empezó un poco tarde, además), pero que igual todos seguimos con disposición de vivir esta celebración con plenitud.

Después de la oración de renuncia inicial, el Espíritu Santo ha empezado a ungir a los feligreses, quienes seguimos atentos esta y las demás oraciones y cantos que han surgido en la misa.

Gracias también a Ruth y a Goretti, quienes lideraron el coro y los cantos para invocar la presencia del Espíritu Santo durante esta noche especial.

Ha sido una especie de Vigilia de Pentecostés, una oportunidad bonita para prepararnos para la celebración del día siguiente, la fiesta de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, el 24 de septiembre.

Fray Vicente Zamora celebró la Misa del Espíritu Santo ¡una verdadera noche de efusión hemos tenido!
Fray Vicente Zamora celebró la Misa del Espíritu Santo ¡una verdadera noche de efusión hemos tenido!

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