Oracion de Sanacion

ORACIÓN DE SANACIÓN

CANTO

El Espíritu de Dios
Está en este lugar
El Espíritu de Dios
Se mueve en este lugar
Está aquí para consolar
Está aquí para liberar
Está aquí para guiar
El Espíritu de Dios está aquí
El Espíritu de Dios
Está en este lugar
El Espíritu de Dios
Se mueve en este lugar
Está aquí para consolar
Está aquí para liberar
Está aquí para guiar
El Espíritu de Dios está aquí

Quédate en mí, Quédate en mi
Toca mi mente, mi corazón
Llena mi vida de tu amor
Quédate en mí, Santo Espíritu
Quédate en mí

Monición de entrada:

El tema propuesto para esta Jornada: “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8) es una llamada a recordar que todos somos hermanos y el lema “Cuidémonos mutuamente” nos recuerda que todos somos corresponsables unos de otros. Algo que la pandemia ha puesta de manera particularmente dolorosa de relieve.

En esta celebración recordaremos de modo especial a cuantos padecen directamente el COVID, por cuantos les cuidan y ven retrasados sus tratamientos o revisiones por la situación creada en los centros médicos por la pandemia. Al mismo tiempo, no podemos dejar de escuchar la llamada de Cristo a no tener miedo, porque el estará con nosotros todos los días de nuestra vida (cf. Mt 28, 20).

Con la esperanza puesta en el Señor de la Misericordia, participemos en esta celebración de la mano de María, a la que Jesús encargó el cuidado de cada uno

Saludo.-

Nos hemos reunido como Comunidad para orar por la sanación y para orar con ellos al Señor. Por eso, nuestro saludo de acogida es: que el Señor, que nos ha dado la vida, nos conforta en la enfermedad y nos espera al final del camino, esté con todos nosotros……..

  • Tú, que curando a los enfermos nos revelaste el verdadero rostro de Dios, perdónanos porque nos cuesta estar al lado de los que sufren…. Señor, ten piedad.
  • Tú, que acogiste a los enfermos, les escuchaste y les curaste sus enfermedades del cuerpo y del alma, perdona nuestros desprecios y falta de atención hacia nuestros mayores….. Cristo, ten piedad.
  • Tú, que les integraste a la comunidad y nos confiaste la misión de evangelizar desde la vida, perdónanos porque no sabemos aceptar nuestros pequeños sufrimientos…. Señor, ten piedad.

Bendición del agua y aspersión.-

Que este agua nos recuerde nuestro propio Bautismo en Cristo, que nos redimió de nuestros pecados.

Oración.-

Señor Dios todopoderoso, que eres la fuente de la vida y el principio del cuerpo y del Espíritu, dígnate bendecir este agua que vamos a utilizar con fe para implorar el perdón de nuestros pecados y para alcanzar la protección de tu gracia. Que el agua viva nos sirva siempre de salvación, para que podamos acercarnos a ti con un corazón limpio.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amen. 

(Se hace la aspersión del pueblo, mientras se recita o canta una antífona)

Oración.-

Señor, dueño de la vida y de la historia,

escucha la oración de quienes

nos hemos reunido en tu nombre:

Protege, conforta, ayuda y sana a nuestros hermanos.

Derrama sobre todos nosotros tu Espíritu Santo

para que nos haga ante el mundo

testigos de tu amor. Amen.

LITURGIA DE LA PALABRA.

PRIMERA LECTURA.-

Monición.-

A nadie nos gusta sufrir, pero la penas y tristezas son más llevaderas cuando son compartidas. La oración de unos por otros, no sólo aumenta la unión con Dios, sino la solidaridad con todos los que sufren.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 1-15. 7-10

¿Quién creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,

sus cicatrices nos curaron.

Maltratado, voluntariamente se humillaba

y no abría la boca;

como cordero llevado al matadero,

como oveja ante el esquilador,

enmudecía y no abría la boca.

Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,

¿quién meditó en su destino?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,

y entregar su vida como expiación;

verá su descendencia, prolongará sus años,

lo que el Señor quiere prosperará por su mano..

Palabra de dios

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10 (R.: 1a. 3a)

R. Bendice, alma mía, al Señor; él cura todas tus enfermedades.

Bendice, alma mía, al Señor

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor

y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia

y defiende a todos los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas.

Aleluya Cf. Lc 1, 45

Dichosa tú, Virgen María, que has creído, 

porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

EVANGELIO.-

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

–«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de m¡ Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:

— «Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

–como lo había prometido a nuestros padres–

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

CANTO

Me puede faltar todo 

en la vida , me puede faltar 

hasta la vida, 

pero nunca quiero 

que me falte el 

deseo de amarte hasta el final 

Hasta la locura 

te amo Señor 

ya no quedan dudas 

en mi corazón 

de que te amo,

de que te amo 

Señor . 

quiero amarte 

hasta el extremo 

sin reservas 

darme por por entero , 

como los que se han enamorado 

yo te canto mi amado 

hasta el final.

RITO DEL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN

Imposición de las manos. 

V. Bendito seas Dios, Padre todopoderoso, que por nosotros y por nuestra salvación enviaste tu Hijo al mundo. 

R. Bendito seas por siempre, Señor. 

V. Bendito seas Dios, Hijo unigénito, que te has rebajado haciéndote hombre como nosotros, para curar nuestras enfermedades. 

R. Bendito seas por siempre, Señor. 

V. Bendito seas Dios, Espíritu Santo Defensor, que con tu poder fortaleces la debilidad de nuestro cuerpo. 

R. Bendito seas por siempre, Señor. 

V. Mitiga, Señor, los dolores de estos hijos tuyos, a quienes ahora, llenos de fe, vamos a ungir con el óleo santo; haz que se sientan confortados en su enfermedad y aliviados en sus sufrimientos. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

R. Amén. 

Después dice esta oración: 

Oremos. 

Te rogamos, Redentor nuestro, 

que por la gracia del Espíritu Santo, 

cures el dolor de estos enfermos, sanes sus heridas, 

perdones sus pecados, 

ahuyentes todo sufrimiento de su cuerpo y de su alma 

y les devuelvas la salud espiritual y corporal, 

para que, restablecidos por tu misericordia, 

se incorporen de nuevo a los quehaceres de su vida. 

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 

ORACIÓN DE LOS FIELES

EElevemos nuestra oración a Dios Padre, en quien ponemos nuestra confianza. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo: 

R. Padre, en Tí confiamos. 

  • Por la Iglesia: para que asuma su vocación maternal y así acoja en su seno a todos los que se sienten solos y hagamos presente el consuelo de Cristo. Oremos
  • Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio del dolor, sientan también la presencia cercana y maternal de la Virgen. Oremos
  • Por los enfermos contagiados por el virus, por sus familiares, por quienes están en cuarentena y por otros enfermos que ven afectada su atención por la prioridad de atajar la pandemia, para que reciban la fuerza de María y se conviertan para nosotros en un ejemplo de acompañamiento. Oremos
  • Por todos los religiosos y religiosas, consagrados al servicio de los enfermos y pobres: para que su dedicación y entrega sea reflejo del rostro misericordioso del Padre para quien nos necesite. Oremos
  • Por nuestra comunidad cristiana, nuestra parroquia: para que se muestre siempre cercana a las necesidades de las familias con miembros enfermos y sea un verdadero hogar de acogida, acompañamiento y servicio para ellas. Oremos

Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo como el de María, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren y nos comprometamos, sin miedo, a acompañarlos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración sobre las ofrendas:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos,
gocemos siempre de salud de alma y cuerpo,
y por la intercesión de santa María, la Virgen,
líbranos de las tristezas de este mundo
y concédenos las alegrías del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

PREFACIO

LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA BRILLA COMO SIGNO DE SALUD PARA LOS ENFERMOS

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias

y deber nuestro glorificarte, Padre santo.

Porque la santa Virgen María,

participando de modo admirable en el misterio del dolor,

brilla como señal de salvación y de celestial esperanza

para los enfermos que invocan su protección;

y a todos los que la contemplan,

les ofrece el ejemplo de aceptar tu voluntad

y configurarse más plenamente con Cristo.

El cual, por su amor hacia nosotros,

soportó nuestras enfermedades

y aguantó nuestros dolores.

Por él, los ángeles y los arcángeles

y todos los coros celestiales

celebran tu gloria, unidos en común alegría.

Permítenos asociamos a sus voces

cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.

Oración después de la comunión:

Hemos recibido gozosos, Señor,
el sacramento que nos salva,
el Cuerpo y la Sangre de tu Unigénito,
en la celebración de su Madre, la bienaventurada Virgen María; que él nos conceda los dones de la vida temporal
y de la eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor

ACCIÓN DE GRACIAS.-

(Después de la Comunión se les entrega un recordatorio. Mientras se hace, con música de fondo, la acción de gracias.)

  • Señor, Tú nos bendices con el don de la familia.

Te damos gracias por el amor, la fuerza y el consuelo

que las familias dan al enfermo. Vuelve hacia ellas tu mirada

y protégelas cada día.

Haz que este momento doloroso sirva para unirlas,

para que sus miembros

se preocupen más unos de otros

y sean capaces de manifestar

más abiertamente su amor mutuo y su fe en Ti.

Señor, acompáñalas en su camino

y bendícelas con tu gracia

para que sientan tu cercanía y tu ayuda mientras cuidan a sus enfermos,

y sufren y gozan con ellos.

CANTO:

Tantum ergo Sacraméntum,

Venerémur cérnui:

Et antíquum documentum

Novo cedat rítui;

Præstet fides suppleméntum

Sénsuum deféctui.

Genitori Genitóque,

Laus et iubilátio;

Salus, honor, virtus quoque,

Sit et benedíctio;

Procedénti ab utróque

Compar sit laudátio. Amen.

Bendición con el Santísimo Sacramento

V. Les diste pan del cielo. 

R. Que contiene en sí todo deleite. 

Oremos.

Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amen.

ALABANZAS DE DESAGRAVIO

Bendito sea Dios.

Bendito sea su santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

Bendito sea el Nombre de Jesús.

Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.

Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendito sea San José, su castísimo esposo.

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.