Quédate con nosotros, porque es tarde y esanocheciendo
(L
c. 24, 29)

Prot.2/20

Queridos hermanos:

Con la alegría de la Pascua porque Cristo ha Resucitado, me hago presente en todas nuestras comunidades. Estamos en tiempo de gozo y alegría porque la muerte, y todo lo que significa y arrastra, no tiene la “última palabra”, y a pesar de la situación que estamos vi­viendo de dolor y sufrimiento en tantas personas y familias cercanas, la luz de la Resurrec­ción se sigue abriendo camino y sigue iluminando y alentando al mundo.

Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8, 12).

Leíamos estos días de la octava de Pascua -que San Atanasio lo define como: “do­mingo de siete días”- que Jesús Resucitado se aparece ante sus discípulos y seguidores en situaciones y lugares diferentes: -reunldos, orando, pescando/trabajando, de camino- y les dice:

“vosotros sois testigos de estas cosas”. {Lc 24, 48).

Son llamados a ser testigos de su Resurrección ante el mundo. El Santo Padre nos dice:

el testigo es uno que ha visto, que recuerda y cuenta … y
todos estamos llamados a dar testimonio con las palabras y con la propia vida”.

El libro de los Hechos recoge, con todo detalle, ese testimonio en la predicación de las primeras comunidades y Pablo citando a lsaías dirá:

Te he puesto como luz de las naciones, para que lleves la salvación hasta los confines de la tierra” (Hch 13, 47).

Los discípulos andan reunidos, inquietos, desanimados y nerviosos por el dolor y la tristeza; el desaliento y el desánimo comienza a hacerse notar entre ellos. Jesús se hace pre­sente y comparte con ellos desde la misericordia y el cariño, sin reproches:

“Como el Padre me ha enviado, así os he enviado yo a vosotros” (Jn 20, 21);

desde el ánimo y la esperanza, sin juicios ni prejuicios, no hay nada que reprochar, que echar en cara, comunicando tran­quilidad y valor.

“Jesús les dijo: no tengáis miedo” (Mt 28, 10);

infundiendo paz, una paz pro­funda, reconciliadora, como bálsamo sanador de viejas heridas, que pone en pie a la persona

“la paz este con vosotros” (Lc 24, 36).

Quédate con nosotros… es la súplica de aquellos discípulos camino de la aldea de Emaús, porque el camino de noche es siempre peligroso y porque la presencia de aquel “amigo caminante” ha sido reconfortante y fundamental para su maltrecho ánimo, ¡cómo van a dejar que se marche! “no ardía nuestro corazón…?”. El camino hacia Emaús, como dice el papa Francisco puede llegar a ser:

“el camino de una purificación y maduración de nuestra fe en Dios”.

Después regresarán a su comunidad, allí dirán y contarán, incapaces de contener la alegría que brota de su corazón. Su experiencia con el Resucitado lo ha cambiado todo y lo expresan en su comunidad de discípulos, aquella oculta entre las callejuelas de Jerusalén. La Comunidad se ha convertido en lugar de acogida, de intimidad, de confianza, de consuelo, de escucha.

La comunidad de Jerusalén no es ideal ni perfecta, está llena de personas heridas e imperfectas, pero todos han experimentado la misericordia del Resucitado en sus vidas, y se sienten agradecidos con el “buen Dios” que los ama, los perdona y confía en ellos: “a quienes les perdonéis los pecados … “. No es una comunidad inmejorable ni perfecta, como tampoco lo son las nuestras, pero se cimenta y se asienta en la presencia de Jesús Resucitado -como la nuestraque reconcilia desde el amor y el perdón que no recrimina, porque esa ha sido su experiencia personal de encuentro con el Resucitado.

Gracias a Dios, como ya os comuniqué, casi de forma personal, todos los religiosos de la Provincia estamos bien y nuestras familias también. Los Profesos siguen en el Came­rún, en Guatemala y en el Puig. Los tres novicios de Mozambique deberán profesar en Angola porque no han podido abandonar el país, debido al cierre de fronteras.

Quiero compartir también con vosotros, además de la alegría de la Pascua, la satis­facción y el gozo de la renovación de: fr. lnacio Jassiteni, fr. Novais Abudo y fr. Joaquín Siquice, tres de los 6 profesos mozambicanos del Camerún, que renovaron su compromiso con la Iglesia y con la Merced, el domingo de Pascua. Felicidades para todos ellos, para la Merced y para nuestra provincia de Aragón.

¡¡Feliz Pascua de Resurrección!! para todos vosotros y también para todos los segla­res y feligreses vinculados con nosotros y nuestros apostolados, termino con un texto de San Juan Crisóstomo …

¿Dónde está muerte tu aguijón?
¡Cristo ha resucitado y los demonios han caído!
¡Cristo ha resucitado y los ángeles gozan!

Recibid un abrazo fraterno

P. Fr. José Juan Galve Ardid
Provincial de la Merced de Aragón

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