Presentación de la Bula

Corría el año de gracia de 1235 y el Santo Padre Gregorio IX extendía la  bula Devotionis Vestrae .

“Gregorio Obispo, Siervo de los Siervos de Dios:

A los amados hijos, el Maestre y los frailes de la Casa de Santa Eulalia de Barcelona. Inclinados por las preces de vuestra devoción, os concedemos, con toda nuestra autoridad que, puesto que todavía no habéis abrazado ninguna de las reglas aprobadas, podáis profesar la de San Agustín”.

Dado en Perusa el 17 de enero de 1235, en el año octavo de nuestro pontificado”. 

En el convento del Hospital de Santa Eulalia de Barcelona  Pere Nolasc, Maestre de la Merced, recibía a los pocos días la bula papal. Al leerla recordó agradecido tanta merced de Dios y por su mente fueron pasando con nitidez acontecimientos de su vida, llamadas de Dios, el clamor de tantos cautivos… En su pequeñez se sentía depositario de un mandato de Cristo, como él, a su vez,  lo había recibido del Padre, “El Espíritu del Señor está sobre mi… por eso me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos”(Is. 61,1,2).

Desde 1203 se dedicaba a la liberación de cautivos, en ellos había gastado  toda su fortuna, incluida su casa solariega, aquel mas de las Santas Puellas barcelonés, donde había jugado de niño y recibido la educación de sus padres. Con otros compañeros fue pidiendo limosna por las iglesias de la ciudad. Al principio les miraban con desconfianza, pero luego, cuando éstas  se transformaban en cautivos liberados, lo hacían con admiración y reconocimiento. El Obispo los puso al  frente del Hospital de Santa Eulalia, de la casa de la caridad. Este hospital fue su casa, la primera casa de la Merced, y  también  casa de los necesitados, de los más pobres y menesterosos. Cada año pedía limosnas y con ellas redimía cautivos; Valencia, Argel, Granada, Bugía…sabían ya de la presencia liberadora mercedaria.

Retablo de la Inmaculada del Santa María del Puig
Retablo de la Inmaculada del Santa María del Puig

Eran tantos los necesitados. Las  razias musulmanas – y también aragonesas- eran tan frecuentes que no se daba abasto. Las dudas de Nolasco, la pequeñez del ser humano ante obra tan grande. Aumentaban las dificultades, crecían los cautivos, la obra se estancaba. Un episodio en Montserrat  marcará su vida, Dios le habla al corazón: “He visto el cautiverio de mi pueblo, y he oído los clamores que le arrana su opresión, y conozco sus angustias. Y he bajado para liberarle. Ve, pues yo te envío..”(Ex.3,7-8)”. Su puesto está, no en la soledad de Dios sino entre la multitud de sus hijos necesitados. Una noche, en el silencio del coro y la compañía de Dios, tras invocar  a la Madre de Jesús, siente que alguien se le acerca y le dice: “Es voluntad de Dios que se funde en mi honor esa Orden, cuyos profesos se expongan para ruina y redención de muchos a ejemplo de mi hijo Jesucristo”.  María  sufre  hasta el fin de los tiempos allí donde sus hijos se encuentran cautivos, ella es impulsora y garante de un movimiento de libertad, del cual ha hecho  “lur fervent missatge e fundador e enantador frare Pere Nolasc …”. 

El 10 de agosto de 1218 el obispo de Barcelona, Berenguer de Palou,  impone el hábito  y la cruz blanca de la seo catedralicia a Nolasco y a otros compañeros, reconociéndolos  como miembros de una nueva orden religiosa. Ese día el rey Jaume I “dio a dicho seglares el hospital de Santa Eulalia de Barcelona, para que consumaran lo que tan devotísimamente  habían comenzado..” . Nace así una institución religiosa, reconocida eclesiástica y civilmente, con una organización semejante a la de las órdenes militares, eminentemente comunitaria.

Retablo de la Inmaculada del Santa María del PuigY ahora la bula del papa estaba entre mis manos. Por la confirmación la iglesia testifica la acción del Espíritu  en la fundación de la Orden, la ratifica en la práctica de la regla de san Agustín, le da carácter universal incorporándola plenamente a su vida y sanciona su obra como misión en el pueblo de Dios. El papa accede a los deseos mercedarios  y los incorpora a la Orden agustiniana, quedando así  legitimada  su situación por lo que a la santa Sede se refiere. Con esta nota da estabilidad a lo que tenían, les comunica la nota de universalidad de que carecían, y concede  en todo el orbe católico los derechos y prerrogativas que como religiosos gozaban ya en la diócesis de Barcelona.

1235 es un Pentecostés mercedario. Un don del Espíritu que convoca a amar a Jesucristo y  conduce a la vida en Cristo y para Cristo.

La Merced reconoce esta llamada secreta  y personal del Espíritu Santo  y responde con todo el entusiasmo de su corazón. El amor de Jesús  le ha indicado el camino de consagración. Y  la Iglesia reconoce en la Merced  su testimonio valiente de  castidad como  expresión de un corazón que conoce la belleza y el precio del amor de Dios; su estilo de  vida sobria y disponible al servicio de los más necesitados ya que  Dios es la auténtica riqueza que no  perece;   por la  vida fraterna  y la obediencia a los valores del  Reino confirma que pone  en Dios la realización de proyectos; y por el voto de redención aparece como signo de la entrega de Jesús que ofrece su vida para redimirnos de toda esclavitud.

La alegría de la confirmación y el empuje del Espíritu  lleva a  Nolasco a redimir en Valencia a 193 cautivos, y aún hizo otra redención este año, fue en  Granada, donde murió martirizado fray Ramón de Blanes. La Merced crecía y lo hacía con fuerza;  cuando el 6 de mayo de 1245 muere  su fundador estaba extendida en dieciséis encomiendas: Barcelona, Narbona, Valencia, El Puig, Palma de Mallorca, Girona, Portell, Perpiñán, Tarragona, Guardia d´els Prats, Lleida, Tortosa, Zaragoza, Sarrión, Calatayud y Denia.

Y ahora miro hacia atrás con agradecimiento  y recuerdo: todo había comenzado con un encuentro sorprendente vivido en torno a Jesús de Nazaret  descubierto en la liberación de unos  de unos cautivos y en la escucha en  el silencio de Montserrat;  la  experiencia humanizadora y  gozosa dio nueva orientación  y un nuevo sentido a mi vida, entusiasmado ahora con el  Reino de Dios. Con mis compañeros, y también algunas mujeres, vivimos un  nuevo estilo de vida marcado por el mandato nuevo, la herencia nueva que nos ha dejado Jesús: el amor. Vivo la experiencia radical de un Misterio, encuentro personal con el Dios vivo y amoroso, y quiero comunicarlo a este mundo tan necesitado del Misterio y de la Libertad, y a la vez, hoy como ayer y seguramente mañana, desinteresado y lejano. Y aunque  son muchos los cautivos  –desde 1212  los reyes y los nobles se han lanzado con tanto ímpetu a la tarea de la reconquista-   y  son  más todavía las necesidades, la contemplación del Dios de la misericordia me ha enseñado que allí donde terminan nuestra posibilidades empiezan las de Dios, y éste nos espera para llevarnos de la mano en este tiempo difícil, de crisis y de cambio, hasta metas insospechadas para la debilidad humana, razón por la cual determinó fundar y establecer esta Orden de la Merced, cuyos frailes  en la liberación de los cristianos cautivos hasta el extremo que :

“alegrement sien aparelats tots temps los frares daquest orde si menester es posarlos vida axi com Jesé hrist la posá per nos”.

Hoy como ayer la Merced se compromete a testimoniar la misma buena nueva de amor y redención que ha hecho presente desde el comienzo de su historia. Y hoy como ayer se dedica a visitar y redimir a los cristianos de las nuevas formas de cautividad, por las que se ven expuestos al abandono de las prácticas de la vida cristiana y a la perdida de la fe. Con este fin los mercedarios estamos dispuestos a entregar la vida, si fuese necesario, a imitación del redentor. Pere Nolasc  ha sido un  medio eficacísimo, por su santidad y disponibilidad, para que el Espíritu regale a su Iglesia nuevos carismas que curen sus heridas.  Hoy, también como ayer, hacen falta opciones valientes que redescubran  la dimensión totalizante del seguimiento de Cristo y como Nolasco se pongan en camino y apuesten por el hombre y por su libertad.

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