Suele hablarse de la vocación sin caer en la cuenta de lo que quiere decir esta palabra. En ocasiones hasta se habla con ñoñería de la llamada de Dios, refiriéndose exclusivamente a la vocación de las personas consagradas. ¿Qué alcance tienen estas expresiones? ¿Por qué tiene Dios que llamar a nadie? ¿No nos dio ya la libertad para que cada uno decidiese y tomase el camino que creyese más oportuno?
Ciertamente somos libres pero eso no quita que Él pueda tener una voluntad expresa para cada uno. Ahí, en ese momento es en el que esa persona determinada debe responder a lo que le haya planteado. Necesitamos la confianza, el amor, estar seguros de que su voluntad siempre irá a buscar nuestro bien.

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